Críticas y Comentarios




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Colombia X

Luis Fernando Afanador

(Revista Semana)



Germán Castro Caycedo ha escuchado a la generación del milenio, jóvenes de todas las capas sociales que cruzan por los dieciocho años. Los ha escuchado, les ha devuelto su verdadera voz inaudible entre tantos prejuicios y falsos diagnósticos.

Este libro puede ser el comienzo de un diálogo con ellos, para que no se conviertan en otra generación perdida.



Alonso Aristizabal

(Revista Diners)


Hace pocos meses, con motivo del premio concedido en España a "El Karina" como el mejor libro de literatura no-ficción publicado en ese país el año pasado, Germán Castro Caycedo, en un reportaje de Caracol se mostró como un escritor consciente de su obra y su destino.

En sus manos, nuestro país es aventura, leyenda e incluso dolor ante las realidades cotidianas.

Colombia X en cambio, es un libro diferente y lleno de actualidad.

Crónicas sobre protagonistas del nuevo milenio. Se autodefinen como la generación de la violencia y la ternura, con una clara concepción sexo y la política, adicta, con gran sentido edonista, a la lúdica, la música y el cine.

Además de describir la mentalidad de una generación urbana al comenzar el milenio, más allá del ritmo y de la calidad, el libro es una gran lección para padres, dirigentes, políticos y educadores. A muchos de ellos puede golpearlos. No es fácil aceptar la verticalidad de quienes nos sucederán.



Ignacio Ramírez

(Diario El Tiempo)


Colombia X es un dedo en la llaga de nuestra despistada sociedad. Cada frase, cada renglón, cada silencio de este libro, arde, hierve, duele, y especialmente sorprende, porque nos demuestra cómo dentro de un país fantástico, viven pro no conviven, no sólo los cinco países de sus antagónicas geografías signadas por el regionalismo, sino una gran cantidad de ínsulas humanas bien diferenciadas y bien distanciadas por las fatídicas fronteras que los sociólogos llaman "brechas" generacionales.

El género periodístico del Testimonio, poco usual en la práctica de quienes escriben nuestra historia cotidiana, se maneja aquí con tal acierto, que uno como lector tiene la sensación de estar inmerso en estas historias de música estridente, sexo corrido y delirante, vertiginosas computadoras cómplices de los individuos, motocicletas bólidos, juegos de rol que van mucho más allá de caducas experiencias sicodélicas, mujeres sacudidas del pasado, dueñas del presente y rectoras del futuro; satanismo, drogas, máquinas; un cosmos enloquecido en apariencia, pero que a la hora de la verdad contiene el Ábrete Sésamo para que todos pongamos los pies sobre la tierra: ¡Entendéos los unos a los otros!

En esta equis, que es simultáneamente reto y evidencia, reclamo y denuncia, vértigo y sorpresa, desesperación y esperanza, está pintada Colombia con todo lo que se sabe de sí misma, pero especialmente con todo lo que ignoramos los unos de los otros.

En el ritmo narrativo, en el suspenso de la atmósfera, en el hallazgo del punto de equilibrio para el desequilibrado lenguaje, en la transmisión de emociones del libro hacia el lector (sin que se note), palpita el reportero que conoce el secreto de armar un rompecabezas compuesto por voces innumerables; decenas, quizás centenares de personajes; viejas, desgrabaciones: una Torre de Babel sobre la mesa de trabajo. Excelente material para una gran lección de periodismo.

Y no olvidemos que las arrogantes barreras que los literatos pretendieron armar para que los reporteros magistrales no les pisaran sus predios, fueron hace ya mucho tiempo derribadas.






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Con las manos en alto

Angel Nogueira Dobarro

(Revista Antrophos - Barcelona)



Con las manos en alto está formado por relatos íntimos, humanos, vividos desde el ángulo de los actores armados que, desde luego, no son los personajes principales. "En este libro los protagonistas son los seres inermes que me miran desde las sobras que deja la noche con las manos en alto, pero con la esperanza de continuar viviendo".

Se trata de escuchar a las víctimas de un conflicto antiguo pero cada día distinto por la dinámica de un país que, definitivamente, parece moverse dentro de los parámetros de la ficción. Este es un libro de personajes vitales, de fantasmas salidos de nuestra realidad y de seres incapaces de borrar de sus ojos el desamparo.

Estos textos iniciales expresan con toda claridad el sentido de los relatos de Germán Castro Caycedo nos narra en su libro a través de diferentes temas y reportajes. Ellos nos acercan de una forma dolorida a la vida real, cotidiana, de miles de personas que, además de ser víctimas indebidas del terror, abren un camino de esperanza y afirman, con sus decisiones y lucha constante contra la adversidad, un mañana.

Es admirable la capacidad de sufrimiento de este pueblo. Toda su escritura son relatos de la vida misma, íntimos, humanos, desgarradores e imposibles de imaginar. Sus personajes son los protagonistas, seres inermes frente a la violencia de las armas y de la sinrazón. Seres humanos únicos que imaginan siempre la posibilidad de seguir viviendo; víctimas inocentes, por otra parte, de , de un conflicto muy antiguo. Los que habitan estos relatos bajo su escritura viva son esos seres "incapaces de borrar de sus ojos la mirada del desamparo".

Episodios de la guerra en Colombia dice el subtítulo y creo que está muy bien pensado, puesto que en realidad lo sustantivo de la narración son las guerras, siempre presentes idefectiblemente en nuestras culturas. Lo incidental es donde actúan, en qué espacio se sitúan: en el Golfo Pérsico, Vietnam, Bosnia, Somalia, Centroamérica, Sierra Leona, Irak.

En el caso presente el relato se refiere a Colombia, pero la experiencia que cuenta alcanza la propia condición humana en la que todos quedamos implicados y comprometidos frente al horror y la inocencia de quienes las padecen: "los seres inermes".

Expreso mi admiración por este libro, por su audacia y el atreverse a investigar asuntos peligrosos y oficialmente prohibidos y ocultos. Este comentario pretende alentar el sumergirse en el libro apasionadamente y decidirse a perder, en definitiva, la confianza, la inocencia y la ingenuidad de que basta una representación política democráticamente elegida para que exista la posibilidad de abordar los problemas que en el libro se enuncian.

El argumento más fundamental del libro es la presencia extranjera como atizadora del conflicto interno colombiano, sus explícitos intereses económicos, el saqueo ilegítimo de sus múltiples recursos, su posición geoestratégica como ideal de control sobre el país, el Plan Colombia, el Plan Patriota, la venta de armas y la corrupción de los poderes públicos, entre otros.

En Colombia hay una presencia explícita, física del ejército de los Estados Unidos que se ubica en lugares concretos y financiados en su mayor parte con fondos del llamado Plan Colombia. El libro muestra cómo, definitivamente el Estado colombiano no tiene dinero para resolver los gravísimos problemas causados por las desigualdades sociales, los déficits institucionales o los de la salud, pero sí para una guerra que oculta a sus ciudadanos. Esto sí que es el mayor grado de corrupción y de terrorismo de Estado.

Lo cierto es que todo se complicó a partir del 11 de septiembre del 2001 con la destrucción de las Torres Gemelas. Desde entonces se da un viraje "en la perspectiva del conflicto colombiano". Dick Cheney, al referirse al terrorismo, dijo: "Los países deben comprender que si les otorgan santuarios deberán enfrentar la cólera de los Estados Unidos. De todas formas, Colombia sigue bajo la mirada de legítimos intereses económicos: su posición estratégica y sus enormes y ricos recursos naturales.

En este libro queda claro cómo Colombia se ha convertido actualmente en objeto de presa, en apetecible botín y con esa especie de "ciudadanía universal" que ha adquirido la figura del terrorista, los Estados Unidos se sienten con las manos libres para intervenir donde les parezca y sin necesidad de respetar ningún derecho.



José Vicente Arizmendi

(Diario El País - Cali)


¿Alguien se acuerda de las armas jordanas que le lanzaron a las Farc sobre la selva colombiana? ¿En qué quedó la viuda embarazada que llevaron a saludar a Clinton durante su visita a Cartagena? ¿Qué sucedió con los pilotos gringos de fumigación que llevaban heroína a su país en aviones militares?

Germán Castro Caycedo lleva años desenterrando las historias escondidas detrás de las noticias. Acaba de publicar Con las manos en alto en el que narra, por ejemplo, la historia de 17 millones de balas inservibles que recibió la Fuerza Pública colombiana en calidad de ayuda de los Estados Unidos.

Con base en documentos y testimonios, el libro cuenta también que los helicópteros Centella que usan los militares colombianos son tan viejos como Tirofijo.

Castro Caycedo describe las andanzas de mercenarios gringos como míster Orta, míster Denny y míster McClintock, contratados por Ecopetrol y la Occidental Petroleum Company, fueron los verdaderos responsables de un bombardeo de la Fuerza Aérea Colombiana, tras lo cual fueron llevados a prisión algunos militares colombianos.

El libro son doce episodios de la guerra en Colombia que contrarrestan la cascada de titulares y noticias frívolas que ofuscan el entendimiento del público. Castro Caycedo dice en la introducción del libro: "Pienso que más allá de recordar, hoy en nuestro medio el reto es no olvidar la tragedia, si realmente se trata de construir un mañana diferente".



Darío Jaramillo Agudelo

(Diario El Tiempo)


Con las manos en alto es un libro de tesis. Se trata de guerra. Y la tesis es, lo digo con mis palabras, que Colombia no es un sujeto que define su destino sino un objeto que USA usa como escenario de una guerra de baja intensidad ---pretextos: la cocaína, la guerrilla--- con el fin de controlar la Amazonia, la zona más estratégica de este deterioro del planeta.

El libro muestra con documentos una guerra contratada con compañías privadas de E.U. que ponen "asesores" y veteranos retirados, soldados de fortuna, mercenarios. El libro refuerza con una cita de la revista Semana: "Los gringos que fumigan en el Plan Colombia son una banda de Rambos sin Dios ni ley, que incluso se han visto involucrados en un escándalo de tráfico de heroína".

Esta cita surge al lado de otra de un cogresista estadounidense: "Estamos empleando a un ejército secreto. Estamos enredándonos en una guerra secreta y el pueblo norteamericano necesita que le digan el por qué".

Una guerra con el relato completo basado en documentos y testimonios sobre la intervención de la CIA para intensificar la guerra en Colombia, mediante el suministro clandestino de armas a la guerrilla.

Periodista riguroso y apegado a los datos, Germán Castro Caycedo reúne en éste libro un alto prontuario de hechos que conducen a comprobar su escalofriante tesis: "Luego de investigar, no de soñar, y de comprobar, no de esgrimir teorías, me reafirmo en que nuestro conflicto tiene sus causas en viejos desajustes de la sociedad, pero me parece que la solución se dilata hoy en el tiempo, en la medida en que intereses extranjeros graviten sobre nuestra ventajas geopolíticas y estratégicas".






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El Alcaraván

Darío Jaramillo Agudelo

(Revista Cambio)



El Alcaraván, libro que uno se devora, como todos los suyos, con varios protagonistas, la sensación final que le queda al lector es que se trata de un auténtico y muy vivido libro de aventuras ---todas ciertas, todas reales--- donde se reflejan las peores virtudes y los mejores defectos de los colombianos.

¿Recuerda usted a Fitzcarraldo la demente película de Herzog sobre la selva, donde un loco sacado de la fantasía pretende transportar un barco por entre la manigua? Pues este producto de la imaginación desbordada de un alemán loco es un juego de niños comparado con El Alcaraván y el rescate de un DC-3 del fondo del río Vaupés, su lenta construcción, casi desde cero, hasta ponerlo a volar de nuevo por muchos años más.

El Alcaraván puede leerse con entretenimiento y también como un retrato vivido de una realidad insospechada.



Ignacio Ramírez

(Diario El Tiempo)


Al poeta Darío Jaramillo Agudelo autor de Cartas cruzadas, una de las más gratas y mejor logradas novelas publicadas en los últimos años en Colombia, en alguna oportunidad le formularon la pregunta del millón: "¿Cuál es el mejor narrador colombiano?". No vaciló en responder la verdad: "Germán Castro Caycedo".

La actualidad lo comprueba. El Alcaraván, el más reciente libro de Castro Caycedo constituye de nuevo una óptima lección del mejor arte de narrar, que quizá sea periodismo en la prolongada liturgia de la investigación, el proceso de la búsqueda del tema y la armada de una estructura que, precisamente por sólida (lección también para literatos facilistas) se sostiene del primero al último renglón, y se convierte en libro de literatura pura y necesaria en un país que , a pesar de semejante veta para la fantasía, no ha producido la gran novela de Los Llanos.

Aquí con el atuendo de la crónica, Castro Caycedo la cuenta desde la realidad.



Mike Forero Nougués

(Diario El Espectador)


Germán Castro Caycedo, uno de los más grandes escritores colombianos del momento , relata episodios épicos de los Llanos en su nuevo y más fascinante libro ---maravilla que se deja leer en un solo tiro--- titulado El Alcaraván, y que, si no yerro, va a ser un bestial best seller, algo que emocionará a los lectores viejos y jóvenes, hombres y mujeres y hasta los niños, como cuando en los días ya lejanos de mi juventud todos nos sobrecogíamos de expectativas leyendo las aventuras de valerosos marinos y de crueles piratas contadas por Emilio Salgari.

Ahora, Castro Caycedo, con su picante y sugestivo estilo de penetrante escritor, nos deleita refiriendo la historia de los viejos aviones que merodean por los aires de la selva y el Llano, misteriosa región de Colombia.

En el mejor castellano, inclusive utilizando palabras gruesas pero tan bien dichas que parecen finas expresiones de gente cultivada y que, por lo mismo, suenan muy bien, Germán Castro Caycedo ha escrito una obra que será muy comentada y elogiada.



Fabio Valencia Cosio

(Diario El Colombiano)


No tengo ninguna duda en afirmar que Germán Castro Caycedo es el mejor de los cronistas que he conocido.

En las cumbres de la fama y consagrado como uno de los escritores más exitosos y reputados del país, Castro Caycedo sigue alimentando su éxito con base en el trabajo disciplinado y persistente. Pero sobre todo en que sigue trabajando cada proyecto y cada tema con la sencillez propia de los grandes reporteros. No se apoya en equipos de investigación, ni tiene secretarias que le transcriban entrevistas. Desde el comienzo de su carrera, su trabajo consiste en ejercer una observación profunda y crítica de la realidad, de la cual aísla sus temas que luego desarrolla y trabaja con dedicación y perfeccionismo. Selecciona los personajes, realiza las entrevistas, investiga con expertos en los temas los detalles que dan dimensión a cada relato.

Con base en esa metodología han surgido muchos de los más ponderables libros de narrativa no-ficción (crónica) de la Colombia contemporánea:

El Karina que es una de las más descarnadas y divertidas radiografías de quiénes somos los colombianos; El Hurakán, una excelente visión periodística de la conquista; Mi alma se la dejo al diablo, el mejor libro colombiano sobre la selva desde cuando apareció La Vorágine, para citar sólo algunos.

Hoy me mantiene concentrado la lectura de El Alcaraván una asombrosa recopilación de historia y anécdotas de la Orinoquia, que tiene como personajes centrales a los aviones Douglas DC-3 y a sus pilotos.

Utilizando su tradicional técnica narrativa, El Alcaraván es a la vez una extraordinaria crónica. Un libro de aventuras y un retrato maravilloso de esa región plana y selvática de Colombia, que ha sido obsesión y escenario permanente de los trabajos de Castro Caycedo, quien en su madurez profesional se consagra cada vez más como el mejor reportero del país.



Revista Semana


Desde Colombia Amarga hasta El Cachalandrán Amarillo, Germán Castro Caycedo ha dedicado una gran porción de su actividad periodística a mostrarles a los colombianos la otra cara del país.

Esa vida que fluye a espaldas de los medios de comunicación y de la propia historia,, bien sea perdida en el horizonte de territorios vastísimos y casi incolonizables, bien en las entrañas de las mismas urbes, escondida entre la sofocante y acelerada respiración de la ciudad, o bien a kilómetros de distancia en busca del sueño americano.

Los protagonistas de Castro Caycedo son aventureros de vidas inverosímiles que no han hecho sino confirmar a través de sus relatos aquella sentencia mordaz, acuñada en el propio territorio, según la cual, Colombia es un país de sobrevivientes.

Más allá de las aventuras reales, los relatos de El Alcaraván sirven de plataforma de lanzamiento en la exploración de esa vida insólita que se abre paso en su fusión con l medio. En mitad de la creatividad y la imaginación, alimentadas por la pobreza y el espíritu de supervivencia, surgen la realidad selvática, la idiosincrasia del llanero, la alucinación del paisaje, el esplendor de la vegetación, la respuesta humana a domar el territorio.






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El Cachalandrán Amarillo

Matilde Libreros

(Dieario El Espectador)



Germán Castro Caycedo se lanza ahora como narrador de tradición oral. El Cachalandrán Amarillo (Cachalandrán, traducción popular de Challenger al lenguaje local vallenato), es el título de 25 narraciones cortas , resultado de un proceso de búsqueda por todo el país y de decantación. El autor ha tomado narraciones populares y las ha vertido a un magnífico trabajo literario.

Los textos tienen la grandeza de lo simple. Esto es, ni más ni menos, las visiones profundas de la cosmovisión de las personas que aún tienen la cualidad del deslumbramiento. El escritor, como es su costumbre, las trabaja con un acento literario sin que las narraciones pierdan su esencia.

Un libro para ser leído de una tirada: agradable, conciso y rico en posibilidades de interpretación según cada cultura ancestral allí abocada.



Fernando Plata Uricoechea

(Diario El Espectador)


"...para mejorar la desmirriada educación de nuestros jóvenes en lo propio, difícil encontrar un libro mejor, pues les permitirá conocer y amar lo nuestro, lo de verdad nuestro a lo largo y ancho del país.

El autor ha producido un estupendo libro, de muy pocas páginas para el entusiasmo de los lectores, que bien merece ser seguido por otros, dado el gran archivo que tiene Castro Caycedo de lo que hace y narra nuestro pueblo maravilloso."



Revista Cromos


Germán Castro Caycedo, además de saber escribir y descubrir el centro nervioso de un personaje en determinadas circunstancias, tiene otro don estupendo: saber encontrar, saber escuchar y luego reproducir: ese es el secreto de su nuevo libro. El Cachalandrán Amarillo es producto de todos los viajes que el autor ha realizado por el país durante todos estos años. A través de ríos, llanuras, montañas, costas, ciénagas, aldeas perdidas en la selva, caseríos inverosímiles, soportando fatiga, sudor y mosquitos, el autor tomó algunos, sólo algunos de los centenares que ha grabado, los pasó a la computadora tratando de conservar los sonidos originales, esa música de las palabras, esa fonética maravillosa que ha sido macerada por tantas generaciones que pícaramente han ido heredando leyendas y cuentos y personajes populares.

Voces que le permitieron a Castro Caycedo lograr lo que uno ya había encontrado en relatos de los hermanos Grimm o de escritores como Vargas Llosa y García Márquez.

Este libro tiene un mérito: rescata leyendas, cuentos, narraciones populares que han flotado en todas las regiones colombianas durante muchos años y esperaban que alguien las recopilara y ordenara y presentara como lo que son, el auténtico tesoro de nuestra sabiduría popular.



Medardo Arias

(Diario El País - Cali)


En El Cachalandrán Amarillo es valioso el aporte de este cronista a la literatura nacional. Riguroso en el género que mejor maneja, la crónica, ha llevado a los colombianos parte de la historia de los últimos años, Castro Caycedo experimenta ahora con tradiciones orales bien guarnecidas, pertenecientes a diferentes regiones del país...

Resulta valiosa la obra al congelar en lenguaje escrito viejos cuentos que de no ser escuchados por atentos escritores, estarían en peligro de extinguirse, pero en buena hora comienzan a ser recogidos en este libro que es suma de regiones.



Agistín Escandón Peña

(Diario El País - Cali)


En excelente idioma, el castellano universal de las palabras azorinescas, mezcladas gratamente con localismos refrescantes, que la mayoría de las veces son regreso a la expresión que nos trajeron los conquistadores, oportunamente, cuando la angustia mortal cuenta los días de la desesperanza, Germán Castro Caycedo nos lleva al país, de donde la mayoría venimos, el de las aldeas y pueblos campesinos...

En El Cachalandrán Amarillo las rugosidades andinas, planicies, valles, y costas, sin dejar a un lado la selva que tanto encierra en sus distancias verdes.

Son los diálogos de la puesta del sol. Hablan de los pájaros "de todo canto" que descifra y tararea Alfredo Vanín, persiguiendo al Príncipe Tulicio en los meandros del río Guapi. El Viringuito es el anticipo de la ficcción contemporánea que usa Lukas. En Fisido volvemos a sentir el agua fresca y enigmática del río Putumayo, en plena selva, , silenciosa en el estruendo arrasador de las grandes crecientes que invaden con un olor irrepetible de madera, barro de la creación y hojas secas...

No es literatura infantil, es para que los adultos vean un mundo que existe a pesar del pragmatismo de los emergentes y acomodados de todos los pelajes.



Rafael Orozco

(Diario El Siglo)


"...el autor nos sorprende ahora con historias casi fantásticas de diferentes rincones de Colombia rural. Es un libro de exquisita lectura. Leerlo es estar presentes en los parajes y los paisajes. Es como si uno estuviera metido en el corazón de los personajes. Castro Caycedo logra con su estilo introducirlo a uno en los dientes de quienes hablan..."



Clara Zawadski

(Diario Occidente - Cali)


Es admirable la versatilidad del autor, después de libros concretos como El Karina, indudablemente lo mejor que se ha publicado en Colombia en los últimos años, El Hueco o Colombia Amarga, porque El Cachalandrán Amarillo es diferente. Este libro despierta oleadas de una cierta indefinible nostalgia que quizás esté atada a cuentos escuchados en la niñez. Estos relatos dejan un extraño sabor a tesoros largamente guardados y a experiencias que contadas así, tenuemente, nos hacen dudar sobre el realismo de la realidad.

Dentro de todo lo que se puede leer durante estos días de violencia, el libro de Germán Castro Caycedo es reposante.



Gonzalo Mallarino Botero

(Diario El Espectador)


La colección de cuentos contenidos en El Cachalandrán Amarillo no hubiera podido reunirse ni expresarse con tanta autenticidad, ni con igual vivacidad, sin el empleo de la técnica y las destrezas profesionales de su autor.

... El cuidado que pone el cronista responsable en verter la realidad sin deformarla, es el que pone en estos cuentos el enamorado del arte literario espontáneo para no perturbar el lenguaje, el ritmo, o más sutilmente la intención moral y poética del material narrativo que trata.

El resultado es un libro muy placentero detrás del cual muchos lectores podrán establecer una revelación, quizás, más permanente y trascendente que la de realidades más actuales y tangibles.



Mike Forero Nougués

(Diario El Espectador)


"...La tradición oral popular es la esencia de los cuentos fantásticos de este libro, que sin asumir posición de jueces literarios, en nuestro concepto es el libro de oro del año. Maravilloso trabajo. El reportero que fue Germán Castro Caycedo, es hoy un cronista formidable, dueño de una gran versatilidad, de una inagotable imaginación, de un estilo impecable, de un castellano hermoso, elástico y vivo, pues ya está escribiendo para el siglo XXI que será el comienzo de las nostalgias de la humanidad. Pero que buscará el solaz y el reencuentro espiritual leyendo libros como El Cachalandrán Amarillo."



Germán Vargas Cantillo

(Revista Cromos)


... El cronista que inquietaba a narradores y poetas es Germán Castro Caycedo. Y el interés que había despertado la lectura de sus trabajos publicados en la prensa se acrecentó pronto cuando empezaron a ser editados sus libros a partir de Colombia Amarga, y especialmente El Karina, uno de los mejores de la década.

Se sabía que todos sus libros eran entresacados de grandes crónicas. Y que como tales, sin mayores pretensiones, los presentaba su autor. Pero es que además de la validez periodística de sus libros, Castro Caycedo mostraba siempre una reconocible riqueza de lenguaje, una acertada mezcla de realidad e imaginación, hasta algunos toques líricos depurados.

Hay, además, en ellos una sobriedad, una discreción notables, lo que le impide caer en excesos retóricos a que suelen ser dados, en los últimos años, algunos periodistas que creen que así llegarán más fácilmente a la literatura.

Con este libro, ya más reconocidamente literario, Castro Caycedo reafirma sus condiciones de narrador experto, recursivo, que ha llegado al pleno dominio de unas facultades que a él se le dieron por naturaleza , pero que ha sabido acrecentar en forma adecuada. No cabe duda, con El Cachalandrán Amarillo este cronista entra con pie firme al territorio de la mejor narrativa nacional.



"Cuando uno estructura una noticia está contando una historia."

Germán Castro Caycedo

Cómo se hizo

Un "detrás de cámaras" de alguno de los libros. Escritos por el propio escritor.

El Karina

Perdido en el Amazonas

Mi alma se la dejo al diablo

El Hurakán

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